Ecos del mundial

Ecos del mundial

El Jicote, Por: Edmundo González Llaca

Martes 21 de Julio de 2026

Terminado el mundial este texto se me quedó, antes se decía en el tintero, ahora en la USB.

Dos grandes manzanas, dos grandes tentaciones tiene el futbol: el dinero y el poder. Infantino Corleone, al grito de Óscar Wilde: “La mejor forma de evitar las tentaciones es caer en ellas”, las evitó. La primera: la mercadotecnia publicitaria. Impuso una pausa de hidratación, para sin importarle el rompimiento del ritmo del juego, optó por abrir las puertas a los comerciales.

La segunda: La anulación de la tarjeta roja a un jugador gringo después de la petición de Trump, fue la debacle de la ética deportiva. Una respuesta mínima de la FIFA, cuya fuerza es superior la ONU, en un intento de rescatar su reputación, si alguna vez la tuvo, sería despedir de toda organización vinculada al futbol, al capo di tutti capi de Infantino.

Pero en el no muy remoto caso que Infantino, tenga alguna neurona de Morena y se aferre al poder, controlando la elección, de todas formas debe promoverse el cambio de reglas de la práctica deportiva. Todavía tengo atorado en la garganta el gol que le anularon a Egipto por una falta, que no solamente no era muy clara y contundente, sino que estaba muy alejada de donde culminó la hermosa jugada.

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Me pregunto, al anular ese gol de Egipto ¿Cuántos aficionados habrán dejado de ser fans de futbol al perder la confianza en la FIFA y sus reglas? No sólo eso, a partir de esa decisión el San Benito, la protección tramposa a Argentina, es abrumadora. Cuando se pierde la confianza en cualquier aspecto de la vida, es algo sumamente grave. Ojalá que la FIFA le haga frente con toda seriedad y honestidad.

También deben regularse los off side, en un abuso puntilloso de aplicación de la tecnología, se declara fuera de lugar si el delantero tiene la punta del pie o una mano más allá de la guillotina de la cámara: me parece un exceso que le regatea emoción y justicia al juego.

Otra cuestión que se debe reglamentar son los balones a balón parado, antes en los corners los jugadores del equipo atacado obstruían a los atacantes, ahora les adelantan el abrazo de navidad. Obviamente, hasta por un reflejo natural, el atacante empuja al defensor, como lo hizo Haaland, la estrella noruega, tumbó al defensa y después cayó el gol, que fue anulado. En fin, urge una revisión del reglamento y la uniformidad de los criterios de arbitraje.

El balón rodó. Los movimientos de protesta anunciados fueron sofocados sin prepotencia ni violencia especial, al menos eso fue los que consignaron los medios de comunicación. El blindaje fue todo un éxito de las autoridades.

No hubiera habido dinero suficiente para pagar, ni estrategia mejor elaborada, la que favoreciera tanto a México, como la que espontáneamente se produjo en la transmisión internacional del mundial. Nuestra imagen publicitaria está, dirían los jóvenes, en su “prime”.

Esto repercutió en la imagen internacional de México y de su gobierno. La Sheinbaum tuvo un momento de tregua, el mundo vio un país feliz, relajiento y hospitalario. La que bien se puede cotejar con la tétrica que ha hecho Trump de México.

La ausencia de la Presidenta en los estadios donde jugaba la selección, fue imposible de negar. La elevada simpatía de la Sheinbaum según sus encuestas, no se la cree ni ella ni sus publicistas. Para ver los partidos asistía a espacios que se mantenían en secreto y con audiencia bien controlada. Probamos una vez más que tenemos un régimen populista, en el que sus más ínclitos representantes, le tienen terror a presentarse ante el pueblo, salvo que esa porción, esté previamente reclutada y recompensada.

Las multitudes nacionales parecen procesar bien las derrotas, pero no las victorias, misma en las que se aplica la conseja: los extremos se tocan. La última celebración terminó en tragedia. La responsabilidad de las autoridades es evidente.

Mi impresión es que quedó en la opinión pública un juicio positivo sobre su selección. Se reconoce que sudaron y entregaron todo en la cancha. Nos convertimos todos los aficionados en entrenadores, en más de una ocasión enarcamos las cejas y pusimos en duda una alineación o algún cambio, pero, aun así, creo que se reconoció un avance en nuestro futbol. Mal harían jugadores, cuerpo técnico y funcionarios ligados al deporte y al espectáculo, que tienen derecho a dormirse en sus laureles. Las exigencias en el futuro deberán responder a nuevas y más ambiciosas expectativas.

Lo mejor y lo más preocupante, primero lo más extraordinario. Fue conmovedor ver y sentir la unidad de un país en torno a una causa, aunque a algunos les parezca frívola y superficial porque sea en torno al futbol. La posibilidad y la exigencia de mantener esa unidad y olvidarse de ese discurso de discordia, debe ser un gran motivo para dejar de recurrir la narrativa de polarización, como una estrategia de cohesión en torno a la Sheinbaum y a Morena.

Mantener en el poder público el dilema: “Ustedes los malos y nosotros los buenos”, después de la hermosa fraternidad que hemos vivido los mexicanos, me parece no solamente anti patriota sino canallesco. Después de toda la fiesta los problemas del país permanecen, con el patrimonio de una nueva convivencia, bien podemos hacerles frente de la mejor manera que conoce nuestra historia: unidos.

Segundo. Una gran, gran preocupación. En este mundial se jugó en los campos, pero también en los casinos. Fue el mundial de las apuestas. No tengo la estadística precisa, pero calculo que de cada diez comerciales siete eran de los casinos. No solamente por el tema de las transmisiones, el futbol, sino también por la hora, no hace discriminación a ninguna de la audiencia.

No sé si exagero, pero la ludopatía es, o pronto lo será, un problema de salud pública, como lo es el covid. ¿Esto es grave? El perfil sicológico de los enfermos, los jugadores, son descritos dramáticamente por Dostoyevski en su novela “El jugador”. La emoción es adictiva, un vértigo en la que el destino no se considera como resultado de un esfuerzo sino de un golpe de suerte.

El jugador se echa a los brazos del azar: si gana, la avidez se convierte incontrolable; si pierde, surge una chispa de esperanza y de revancha. Todo un frenesí que invita a seguir jugando. En esta espiral se olvida que: “La casa, nunca pierde”.

El Estado y la sociedad parecen impasibles ante este hecho que, por si fuera poco, está acompañado de otros estimulantes, desde drogas hasta tabaco y bebidas. Cosa excepcional, han sido los propios casinos los que se han alarmado por las terribles consecuencias.

Un casino difunde esporádicamente un anuncio: aparece el locutor, que rutinariamente los convoca al juego, está frente a unos jóvenes reunidos en actitud de estar apostando, los invita a que se retiren y que él pagará las apuestas. Otro casino promueve un anuncio en el que aparece Hugo Sánchez e invita a jugar en forma responsable. De no creerse, son los casinos, no el gobierno ni la sociedad los que convocan a la prudencia.

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No comparto las decisiones públicas que ante estos peligros se adopte una prohibición, la verdadera solución es una reglamentación de la difusión de las apuestas, la propaganda cívica y la educación; son los verdaderos remedios ante esta enfermedad de la ludopatía.

Desde ya, esta adicción exigirá, como actualmente lo demanda la publicidad del cigarro y el alcohol, de una frase que advierta de los riesgos: “Este producto puede ser dañino para la salud”. “Nada con exceso, todo con medida”. Recuerdo lo que decía mi abuelo: “Quien juega por obligación, pierde por necesidad”.

Concluyo: El futbol es el deporte y el espectáculo que representa, hoy por hoy, la diversión más cierta y concreta de los habitantes del planeta. Un fenómeno político, económico y social del que se desprenden reflexiones que lo desbordan.

El problema es que al tratarse de futbol como que rechazamos reflexionar sobre aspectos más profundos. Se da la “bisituación”, término acuñado por Koeztler, que es la capacidad de asociar dos o más aspectos de la realidad que aparentemente no se les toma en cuenta. Es el caso del futbol, aparentemente tan frívolo, que contiene mensajes tan trascendentes para la vida personal y comunitaria.

El mundial, ahora con una difusión casi universal, ha corrido el telón de una realidad que va más allá que el correr tras un balón. La formación de colectividades internacionales de “croupiers” y jugadores, está desarrollándose a través de futbol. Quien lo dude…, que aviente la primera apuesta.

 

 

 

 

 

 

Edmundo González LlacaLas opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión del Portal que lo replica y pueden o no, coincidir con las delos miembros del equipo de trabajo de Panorama Queretano., quienes compartimos la libertad de expresión y la diversidad de opiniones compartiendo líneas de expertos profesionistas.

 

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