Herencia prehispánica en la vida diaria

Herencia prehispánica en la vida diaria

Los habitantes de la Gran Tenochtitlán nos dejaron una herencia inigualable, una riqueza cultural tan única que todavía está presente en nuestra vida cotidiana. Los pueblos originarios poseían una cultura que debemos preservar, sin reservas, sin prejuicios mezclado con lo español, que también, y a pesar de todo, vino a enriquecer el país creando un híbrido fascinante que sigue en pie. Herencia  Herencia  Herencia  Herencia  

Herencia

Los avances matemáticas y astronomía, el trabajo arquitectónico de las viejas culturas nos siguen sorprendiendo hasta el día de hoy, por la majestuosidad de sus pirámides y centros ceremoniales entre otras cosas.

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Desde la época prehispánica venimos heredando generación tras generación diversas prácticas, muchas de estas ya normalizadas, pero vale la pena conocer su origen, por ejemplo, hablar en diminutivo. Los pueblos originarios se expresaban con los niños de una manera más cariñosa que con el resto de la gente, llamándolos con apodos tiernos como cocoton (migajita en náhuatl), o nishi (pequeño en hñahñu). Esta es una costumbre ha sobrevivido hasta nuestros días, no solo en nuestro trato a los más pequeñitos, sino en el uso que hacemos de los diminutivos en nuestro día a día.

Concretamente llamar “escuincles” a los niños, es otra costumbre antigua en México, y esto se debe a que el Xoloitzcuintle es una raza de perro nativa de México. Estos perritos carecen de pelaje y pueden tener tres tamaños distintos. Son perros que de pequeños son muy inquietos, celosos y hasta groseros con los desconocidos, aunque muy cariñosos con su dueño. Además, nunca se cansan de jugar, evidentemente en su comportamiento tienen mucha semejanza con los niños pequeños.

Afortunadamente hay prácticas que hoy en día seguimos llevando a cabo, una de estas es bañarse dos veces al día. Al llegar los españoles a nuestro continente notaron que la población era extremadamente limpia y que, además de bañarse dos veces por día en ríos y arroyos, todas las casas contaban con un temazcalli (una casa donde se suda, en náhuatl). Y que ambas cosas eran parte de la rutina diaria de aseo personal. Cabe destacar el contraste con las costumbres de los españoles, que casi ni se bañaban.

Otra es hacerse tatuajes, aunque podríamos pensar que es parte de la modernidad, resulta que en la antigüedad eran considerados un símbolo de valentía, pues en aquellos tiempos se hacían con espinas de cactus. Los tatuajes, además, contaban historias, leyendas y hazañas y, cuando se veía a una persona con un tatuaje, de inmediato se sabía que tenía algo que contar. La Iglesia Católica trató de “satanizar” el uso de tatuajes y, si bien aún hay mucha gente que asocia el tatuaje con la delincuencia, muchos mexicanos le temen a llevar historias escritas en nuestro cuerpo.

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Por sí fuera poco, lavarse los dientes después de cada comida es una práctica antigua. Es bien sabido que los nativos del continente americano siempre fueron muy limpios, y el cuidado de los dientes no fue la excepción. Para ello usaban una mezcla de miel y cenizas de tortilla, ya que la miel es antibacteriana y las cenizas funcionan como un pulidor para los dientes. Los españoles se mostraron muy sorprendidos al notar las sonrisas blanquísimas de los indígenas quienes, además, conservaban su dentadura hasta la muerte.

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